
Ataduras y restricción
Desde la primera cinta para la cabeza hasta los accesorios más especializados: materiales, ajustes y seguridad, para avanzar a tu propio ritmo.



















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No hay prisa
Rara vez se empieza por el material más impresionante, y eso está muy bien. Una venda en los ojos ya lo cambia todo: al privarnos de la vista, escuchamos de otra manera. A continuación vienen unas esposas de tela o de cuero forrado, y después una fusta ligera. La idea no es la coacción, sino la atención: saber lo que el otro espera y dárselo en el momento adecuado.
Las tres reglas que no se negocian
Hay que ponerse de acuerdo antes. Hay que elegir una palabra de parada que nunca se utilice para otra cosa. Y nunca se debe dejar sola en una habitación a una persona atada. Ten a mano algo para liberarla rápidamente: unas tijeras de puntas redondeadas cerca de la cama valen más que cualquier nudo ingenioso. Nada debe apretar alrededor del cuello. Una atadura debe dejar espacio para pasar dos dedos; si las manos están frías o hormiguean, hay que aflojarla inmediatamente.
Elegir el material
El cuero envejece bien y adquiere pátina, pero no le gusta ni el agua ni el jabón: un paño húmedo y, después, una leche nutritiva. El cuero sintético es más barato y se limpia con un simple pase de esponja. La silicona y el metal se pueden lavar con agua caliente y jabón y aguantan un desinfectante. Fíjate siempre en las hebillas y los mosquetones: un accesorio ajustable en varios niveles dura mucho más que un modelo de talla única.